lunes, 30 de mayo de 2011

No somos antisistema, ustedes son antinosotros


No somos antisistema, ustedes son antinosotros
Gustavo Gordillo
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ecía en un artículo a principios de año (19/02) sobre las primeras movilizaciones en Túnez y Egipto que existía un contexto que hace posible una proliferación de movilizaciones en el mundo a la manera en que la ola de rebeldía juvenil se expandió hace 43 años desde la Polonia comunista, la Francia republicana y el México autoritario. Cuatro son factores claves. El desempleo juvenil, la insultante desigualdad entre un puñado de muy ricos y amplias masas en condiciones graves de pobreza. La revolución de las telecomunicaciones. La mediocridad y corrupción de las clases políticas.

Pero, sobre todo, están presentes los itinerarios específicos de las resistencias populares en cada país, en cada sociedad.

Los regímenes políticos son muy distintos entre las dictaduras árabes y las democracias europeas. Pero los rasgos ya señalados hacen previsible que por contagio crezca como marea la protesta popular. El manifiesto-protesta de Stephane Hessel (2009), ex combatiente de la resistencia francesa frente al nazismo, llamando a los jóvenes a indignarse, causó enorme efecto en Europa y más allá justo porque resumía el estado de ánimo y una propuesta central que ha recorrido todas las movilizaciones de 2011: Estoy persuadido a que el futuro le pertenece a los no violentos, la reconciliación de diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad entrará a su siguiente etapa.

Cada movilización ha tenido su propio Hessel. Un individuo que convoca basado en sus resistencias pasadas, su propia indignación y su estatura ética. Como resumió Regis Debray en elNouvel Observateur (24/02-3/3/2011): Fervor poético, intransigencia moral y moderación política: bella ecuación que impacta y detona. En México está en marcha esa movilización multiforme alimentada por una enorme vertiente de resistencias, movimientos, actos heroicos y memoria colectiva que no pertenece a nadie en particular y a todos en conjunto, y que ha logrado encarnar Javier Sicilia y el Movimiento por una paz con Justicia y Dignidad.

El gran dilema de toda movilización está –entre los acampados de España se ve ahora más claro– entre mantener la tensión creativa y solidaria de los movilizados y la construcción, mediante la deliberación con los poderes, arreglos institucionales que rompan las injustas inercias. Este momento decisivo en nuestra historia reciente se puede disolver como en el famoso cuento de Julio Cortázar, si el dilema se asume como contradicción irresoluble.

El cuento de Julio Cortázar transcurre en la autopista del sur camino a París, un domingo en la tarde, cuando se produce un enorme embotellamiento que apenas si permite que los automóviles avancen lentamente. Pasan las horas y los días; de un tremendo calor se pasa a un frío glacial y a la nieve para finalmente alcanzar nuevamente el sol y ciertos aires primaverales. En ese lapso la gente de los automóviles circunvecinos se conoce primero con indiferencia y recelo y después en la interesada búsqueda de generar un grupo que pueda atender tareas que van más allá del individuo: avituallamiento, sobre todo, pero también atención a los más ancianos y a los niños. El ingeniero –narrador de la historia y conductor de un Peugeot 404– se enamora de su vecina, la conductora de un Dauphine. En tanto se organiza el grupo de automovilistas, otra conversación ocurre por medio de la radio, donde se informa constantemente del inminente rescate de los automovilistas atrapados en el embotellamiento. Conforme pasa el tiempo la gente deja de atender a la radio y se ocupa más de enfrentar conjuntamente los retos de su convivencia. Al final, por alguna razón, se desbloquea la autopista y conforme los autos comienzan a agarrar velocidad se desintegra el grupo que se había formado. El ingeniero, que había acariciado la idea de tener un hijo con la Dauphine, no la vuelve a ver.

El factor Sicilia

El factor Sicilia por Carlos Fazio:


El factor Sicilia
Carlos Fazio
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esdibujados o invisibilizados por el ruido mediático de una prensa bajo control monopólico que reproduce la ideología dominante, los seis puntos del pacto propuesto por el movimiento Por un México en paz con justicia y dignidad no están a discusión. Así lo aseguró el propio Javier Sicilia, impulsor del movimiento. El punto principal es detener la guerra fratricida entre mexicanos impuesta por Estados Unidos, que ha llevado a la actual escalada de caos, terror y violencia en distintas partes del territorio nacional, con la consiguiente ruptura del tejido social.

Dicha estrategia ha derivado en una militarización intensiva y extensiva de la seguridad pública, con su impresionante estela de asesinatos, desaparecidos, ejecutados extrajudicialmente, torturados y fosas comunes, producto todo, indistintamente, del accionar de agrupaciones criminales irregulares (sicarios, bandas, paramilitares, escuadrones de la muerte para la limpieza social, mercenarios), comandos de elite de las fuerzas armadas especializados en contrainsurgencia, oficiales y tropa del Ejército y la Marina, y militares durosadscritos a labores policiales que, como los generales Carlos Bibiano Villa y Jesús Espitia, y el teniente coronel Julián Leyzaola, han incurrido en la apología del delito al reivindicar el derecho de matar presuntos enemigos, colocándose, como autoridad, al margen de las leyes vigentes.

Erigido en la coyuntura en líder simbólico de un movimiento horizontal y pluriclasista de nuevo tipo, Sicilia ha planteado la necesidad de refundar México. Lo que lleva a la pregunta de qué tipo de país se quiere. Pero además, deja abiertas otras interrogantes, por ejemplo, sobre la estrategia de construcción de la resistencia en la etapa; la forja de un poder dual, contrahegemónico, y las vías para lograrlo.

El movimiento impulsa un pacto ciudadano y un posterior diálogo con el Estado. Frente a la actitud guerrerista de Felipe Calderón, alias El Churchill o El terapista, Sicilia opone la fuerza de su conciencia ética y moral; la fuerza de la verdad. Para Sicilia, la conciencia es un campo de batalla y hacia allí intenta arrastrar a Calderón, a fin de someterlo, de cara a la nación, a un diálogo de iguales con las víctimas de una guerra estúpida. Busca desarmar moralmente al Otro haciendo evidente la verdad. Además, a partir del método de la resistencia civil activa ha dejado esbozado el proyecto constructivo de una nueva sociedad y un nuevo Estado nacional. Se trata, pues, de un movimiento transformador, que con base en la verdad, la firmeza y la resistencia a la opresión, busca romper el miedo impuesto por la violencia criminal en todas sus formas, incluida la que los amos de México imponen a través de los órganos coercitivos del Estado.

A partir de las tesis gandhianas, la estrategia general que parecen impulsar Sicilia y sus compañeros es la acción de masas, en una dinámica de reformas sucesivas que habrán de ser alcanzadas con métodos pacíficos, una vía distinta a la de la dinámica de la violencia revolucionaria. Una no violencia activa como método para cambiar las relaciones sociales y de poder, en la perspectiva de construir un poder popular autónomo. O una verdadera ciudadanía capaz de construir una democracia participativa.

Frente a la actual república plutocrática y cleptocrática con su clase política corrupta, el mensaje de Sicilia apunta a la generación, en el campo de lo popular, de espacios de desarrollo propios, autonómicos. Horizontales o circulares, no piramidales. Alternativos a las estructuras de dominación vigentes, a la manera de un doble poder, en el que subyace la desobediencia a toda orden de inhumanidad y a leyes injustas que deshonran.

Asimismo, Sicilia persigue la humanización del adversario (que no enemigo), singularizado en la coyuntura por Calderón, como administrador del poder real. Sicilia no es ingenuo; es táctico. En el marco de una militarización, paramilitarización y mercenarización exacerbada del país, le exige a Calderón una relación de iguales, con base en una moral pública no violenta, y a partir de un franco cuestionamiento a la autoridad legal y legítima del régimen, de quien rechaza activamente el ejercicio perverso del poder. El objetivo implícito de la confrontación es romper la relación viciosa de colaboración establecida entre gobernantes y gobernados en los marcos del sistema; una relación que con base en el acatamiento a la legalidad vigente, reproduce la dialéctica del amo y el esclavo.

Con independencia de otras formas de lucha condicionadas a condiciones objetivas y subjetivas, la oportunidad que ofrece el movimiento desencadenado por Sicilia pasa en la coyuntura por unatoma de conciencia de sectores populares y de clase media sometidos a una obediencia pasiva o sumidos en el conformismo. El movimiento apunta a una ruptura gradual con la cultura política establecida, reproducida a la manera de la domesticación de los cuerpos y del comportamiento desde la cuna, la familia, la escuela y la iglesia. Implica, por tanto, una ruptura con el adoctrinamiento de la cultura dominante y con el injusto modelo capitalista vigente.

Pasa, también, por romper el miedo impuesto por la militarización del país, a partir de construir un territorio moral de las mayorías, desde la dimensión de una resistencia de nuevo tipo que se irá forjando en la lucha cotidiana, y que a partir de las condiciones concretas, llegado el caso podrá incluir la desobediencia civil pacífica, la huelga general política, el boicot (social, económico, laboral), el no pago de impuestos, la marcha, la acción de masas, el ayuno y otras variables, combinadas con la información y el diálogo públicos, de cara a la sociedad. El método contiene potencialidades para contender contra toda forma de violencia estatal, criminal, mediática y económica, y de todo ello existe un caudal acumulado a partir de experiencias recientes como la insurrección zapatista y la resistencia contra el fraude electoral de 2006.

domingo, 29 de mayo de 2011

"La independencia es otro nombre de la dignidad" por Eduardo Galeano

También rescato el discurso de Eduardo Galeano que dio en la ceremonia en la que se le entregó la medalla 1808.

La independencia es otro nombre de la dignidad
Eduardo Galeano
Q

uiero dedicar este homenaje a la memoria viva de dos Carlos: Carlos Lenkersdorf y Carlos Monsiváis, amigos muy queridos que ya no están, pero siguen estando.

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Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.

Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía delnarcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.

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Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.

Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.

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En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.

Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía:Hemos mudado de amos.

Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:

Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.

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Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.

***

Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:

Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.

Y también:

Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.

A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:

Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?

Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.

A los ochenta años, escribió:

Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.

***

Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.

Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?

¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.

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Yo no creo en Dios, pero sí creo en el humano milagro de la resurrección. Porque quizás se equivocaban aquellos dolientes que se negaban a creer en la muerte de Emiliano Zapata, y creían que se había marchado a Arabia en un caballo blanco, pero sólo se equivocaban en el mapa. Porque a la vista está que Zapata sigue vivo, aunque no tan lejos, no en las arenas de Oriente: él anda cabalgando por aquí, aquí cerquita nomás, queriendo justicia y haciéndola.

Y fíjense ustedes lo que ha ocurrido con otro perdedor, José Artigas, el hombre que hizo la primera reforma agraria de América, antes que Lincoln y antes que Zapata.

Hace casi dos siglos, él fue vencido y condenado a la soledad y al exilio. En años recientes, la dictadura militar del Uruguay le erigió un ampuloso mausoleo, queriendo encerrarlo en cárcel de mármol. Pero cuando la dictadura intentó decorar el monumento con algunas de sus frases, no encontró ninguna que no fuera subversiva. Ahora el mausoleo tiene fechas y nombres de batallas, y ninguna frase. Involuntario homenaje, involuntaria confesión: Artigas no es mudo, Artigas sigue siendo peligroso.

Cosa curiosa: con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando.

***

Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas. En cambio, los países dominados, condenados a obediencia perpetua, no pueden ejercer el patriotismo, so pena de ser llamados populistas, demagogos, delirantes: nuestro patriotismo se considera una peste, peste peligrosa, y los amos del mundo, que nos toman examen de Democracia, tienen la mala costumbre de conjurar esta amenaza a sangre y fuego.

Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos se negaron a repetir la historia y quisieron cambiarla.

Bienaventurados sean los perdedores, y malditos sean quienes confunden el mundo con una pista de carreras y lanzados a las cumbres del éxito trepan lamiendo hacia arriba y escupiendo hacia abajo.

Bienaventurados sean los indignados, y malditos sean los indignos.

Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa.

Bienaventurado sea el abrazo, y maldito sea el codazo.

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Sí, pero… Cuántos perdedores, ¿no?

Cuando algún periodista me pregunta si soy optimista, yo contesto, sinceramente:

A veces. Depende de la hora.

Siempre me parecieron más bien inhumanos los optimistas full time.

Creo que el desaliento es un derecho humano, y de algún modo es también la prueba de que somos humanos, porque no sufriríamos el desaliento si no tuviéramos aliento.

Hay que reconocer que no es muy alentadora la realidad, que tiene la jodida costumbre de recompensar a los exprimidores del prójimo y a los exterminadores de la tierra, el agua y el aire. Y en cambio, las más apasionantes aventuras de transformación de la realidad suelen quedarse a mitad de camino, o se extravían y se pierden, y muchas veces terminan mal.

Hay que reconocerlo, digo, pero también cabe preguntar: Cuando esas lindas experiencias colectivas terminan mal, ¿de veras terminan? ¿No hay nada que hacer, sólo nos queda resignarnos y aceptar el mundo tal cual es, como si fuera destino? Hace pocos años, se puso de moda la teoría del fin de la historia. Más de uno se tragó ese sapo, a pesar de que el sentido común nos demuestra, con poderosa sencillez, que la historia nace de nuevo cada mañana.

Lo mejor de este asunto de vivir está en la capacidad de sorpresa que la vida tiene. ¿Quién podía presentir que los países árabes iban a vivir este huracán de libertad que están ahora viviendo? ¿Quién iba a creer que la plaza de Tahrir iba a dar al mundo esta lección de democracia? ¿Quién iba a creer lo que ahora puede creer ese muchachito plantado en la plaza durante días y noches, cuando dice: Nadie nos va a mentir nunca más?

Al fin y al cabo, cuando la historia dice adiós, o eso parece decir, ella nos está diciendo, o al menos murmurando: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.

Y yo me despido de ustedes, ahora, que ya es hora, como la historia me enseñó, diciéndoles gracias, diciéndoles: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.

* Palabras pronunciadas el 22 de febrero de 2011, en la ceremonia de entrega de la Medalla 1808, que el jefe de Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, otorgó al escritor Eduardo Galeano

Clausura de Sempra Energy: acto de dignidad republicana

Rescato una columna de Jaime Martínez Veloz del 25 de febrero del presente año, con respecto a la clausura de la planta regasificadora Costa Azul en Ensenada, propiedad de la trasnacional Sempra Energy. Muy buena reseña y análisis de este problema:


Clausura de Sempra Energy: acto de dignidad republicana
Jaime Martínez Veloz
E

l 11 de febrero del presente año se llevó a cabo la clausura total parcial de la terminal de gas natural licuado de la empresa Sempra Energy, ubicada en el municipio de Ensenada, debido a múltiples irregularidades y violaciones a la ley. Había llegado así la culminación de una serie de denuncias de una sociedad agraviada por el proceder de la multinacional, que sin recato alguno violentó todas las normas y leyes mexicanas que tuvo a su alcance.

La medida realizada por el alcalde de Ensenada tuvo una respuesta furibunda por parte de funcionarios federales, estatales y directivos de la trasnacional, que sin guardar las formas respondieron con acciones que expresan uno de los niveles de mayor degradación política que se conozca en la historia de la entidad y del país.

Desde que Sempra empezó a impulsar su proyecto, las oficinas del ayuntamiento de Ensenada se habían convertido en oficialía de partes de la multinacional. La voluntad de los funcionarios y las normas municipales fueron doblegadas mediante el reparto de varios millones de dólares. Con el poder en sus manos, tanto funcionarios de los tres niveles de gobierno como los directivos de la empresa jamás repararon que en la vida las cosas cambian y actuaron como si sus triquiñuelas estuvieran casadas con la eternidad. De esta manera nunca cuidaron las formas ni respetaron las normas.

Las protestas sociales de ciudadanos, organizaciones, ambientalistas, fueron desdeñadas o ignoradas mediante la complicidad con las autoridades y una política de comunicación, donde a través del reparto de chayotes, cooptación de periodistas y convenios con los medios de la entidad; la trasnacional pudo avanzar en su instalación en las costas de Ensenada.

Con estos antecedentes, las autoridades del actual ayuntamiento de Ensenada, encontraron que los archivos del expediente de Sempra estaban casi vacíos, y lo poco que quedaba daba muestra de la dejadez y la burla de la transnacional y las autoridades mexicanas. El permiso de uso de suelo, mediante el cual Sempra Energy había sustentado toda su estrategia de legitimación, era un documento personal del ex presidente municipal Jorge Antonio Catalán Sosa, quien no recabó la autorización ni la firma del Cabildo, tal como lo establecían las normas vigentes en ese momento, todo ello a cambio de varios millones de dólares, algunos de ellos disfrazados mediante un fideicomiso vergonzante, para simular el cohecho.

Dicho documento, que en el argot de los abogados se dice que es nulo de pleno derecho expresa lo que para los funcionarios panistas de Ensenada y sus amigos y financieros electorales de Sempra Energy le significan las leyes mexicanas.

Al mismo tiempo se encontró que la instalación de la planta viola la Ley de Desarrollo Urbano, el Programa de Desarrollo Urbano, Turístico y Ecológico del Corredor Costero Tijuana-Rosarito-Ensenada (Cocotren) y el Programa de reordenamiento ecológico marino del Pacífico Norte, de la Semarnat; donde se reconoce explícitamente que las instalaciones de Sempra Energy, violentan las disposiciones del Cocotren. Las propias autoridades federales que hoy saltan a la palestra para denostar al alcalde ensenadense, desconocen que sus propios documentos normativos le dan la razón al edil de Ensenada.

Encajonados por sus propios errores, inaugurando tipo de hacer política, alestilo Trucutú, el todavía secretario de Gobernación, José Francisco Blake, en un acto inaudito, le llamó en forma directa al secretario de Seguridad Pública de Ensenada para ordenarle que retirara las fuerzas policiacas que resguardaban las instalaciones de la empresa, una vez que había sido clausurada. La respuesta del secretario Florencio Cuevas fue firme, le contestó que él sólo recibía instrucciones del presidente municipal, el cual le ordenó actuar con prudencia y retirarse del lugar para evitar un derramamiento de sangre.

Al paralelo de la llamada de Blake, el secretario de Gobierno de Baja California, Cuauhtémoc Cardona, acompañado de tropas militares y policías estatales, llegó al lugar con una actitud porril, dirigiendo la operación de romper los sellos de clausura que las autoridades municipales habían colocado en la regasificadora. De esta manera, tras esta acción esquirolesca, el gobierno y la empresa presumen que la regasificadora trabaja normalmente, aunque desde el punto de vista legal, las consecuencias legales que habrán de pagar por dicho acto atrabiliario todavía ni siquiera se las imaginan, porque el acto legal de la clausura de la empresa fue consumada a cabalidad.

Los actos de Blake y Cuauhtémoc Cardona, nos hacen recordar aquellos personajes de los cómic, Puk y Suk, que eran una pareja de hermanos que por su naturaleza primitiva eran caníbales, pero siempre fueron demasiado zonzos para realmente comerse a alguien, aunque por donde pasaban hacían destrozo y medio.

La reacción desmesurada de los funcionarios federales y estatales es de proteger los negocios que, en sentido contrario al interés nacional, han llevado a cabo los gobiernos panistas de la entidad, en especial el de Eugenio Elorduy, donde sus familiares y socios han sido cómplices de la trasnacional. Para muestra podemos mencionar a la hija del ex gobernador: Érika Elorduy Blackaller aparece como apoderada de la empresa DGN, asociada con Sempra, y de Enova, consorcio que le maneja a Sempra operaciones financieras a gran escala; otro pariente de Elorduy, su sobrino Gustavo de Hoyos Walther, es abogado y representante de Sempra Energy ante los juzgados, otro personaje actual empleado y operador de Sempra es el ex secretario de Gobierno durante el sexenio de Elorduy.

Hoy más que nunca los ensenadenses dignos y quienes los apoyamos estamos en pie de guerra, hasta una solución justa, responsable y legal en su lucha por la legalidad y la dignidad en contra de la multinacional Sempra Energy.

Las elecciones en España y la gran promesa del 15-M

Vía La Jornada, fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/05/29/opinion/018a1pol

Pongo en negritas parte del texto que me parece muy importante.
Las elecciones en España y la gran promesa del 15-M
Guillermo Almeyra
C

omo en los años 30 en Europa los desocupados y los trabajadores precarios se radicalizan y politizan aceleradamente mientras, simultáneamente, otros sectores de los trabajadores son tragados por el racismo y el conservadurismo extremo.

En efecto, en los países escandinavos, en Holanda, en Bélgica y hasta en Francia con el apoyo mayoritario entre los obreros a la fascista Marine Le Pen, crece rápidamente una ultraderecha xenófoba y racista. En las últimas elecciones en el Estado español ésta aparece incluso en el parlamento de Catalunya y, al mismo tiempo que aumenta en la juventud el hartazgo y el odio al sistema capitalista y el hambre de democracia, como en el País Vasco o en la Plaza del Sol, la derecha clerical fascista de Berlusconi, Bossi y Fini, en Italia, o la corrupta derecha clerical franquista del Partido Popular de Rajoy y José María Aznar, en España, canalizan la mayor parte del repudio a la política recesiva y reaccionaria de gobiernos de centroizquierda, mientras otra parte, menor, se pierde en la abstención o el voto nulo (aunque éste, en cierta medida, es un voto crítico).

Por lo tanto no hay que mirar sólo un lado del cuadro social saltando de legítimo júbilo ante los acampadosespañoles, el magnífico triunfo de Bildu en el País Vasco o la derrota de Berlusconi y la Liga en la elección de autoridades municipales, ni tampoco cayendo en el pesimismo ante el gran avance de las derechas en todo el Viejo Continente. Ni hay que hablar de comuna en el caso del M-15, porque éste ni cuenta con el apoyo del proletariado de toda Madrid ni está aislado en una sola ciudad.

Por el contrario, hay que apreciar el cuadro en su conjunto y ver en qué medida y en cuáles plazos la contratendencia radical de izquierda que se apoya en un sector minoritario de la juventud –que a su vez es muy minoritaria en la envejecida sociedad europea– podrá influir sobre el conservadurismo de la mayoría de los trabajadores que aún siguen a las direcciones sindicales y políticas de la izquierda tradicional o, peor aún, saltan de la sartén a las brasas apoyando a la derecha racista y xenófoba que es el principal sostén del gran capital.

En España uno de cada cinco trabajadores está fuera de la producción y de la posible protesta colectiva y está obsesionado por cómo sobrevivir. La desocupación afecta a los jóvenes de menos de 35 años en 44 por ciento, como en el sur de Italia, es decir, los condena inexorablemente, si tienen suerte, a trabajos precarios y mal pagados, insuficientes para vivir.

Los jubilados –cada vez más numerosos dado el envejecimiento de la sociedad– están igualmente marginados, al igual que los millones de inmigrantes superexplotados que carecen de todo derecho y son los primeros en ser despedidos. Por lo tanto, no es de extrañar que la Plaza del Sol y las otras plazas en otras ciudades estén ocupadas sobre todo por jóvenes precarios, informados y preparados, pero sin inserción real y permanente en la producción ni futuro en la misma, y por jubilados (los inmigrantes todavía no han aparecido en gran número porque tienen miedo). Tampoco sorprende que la mayoría de los trabajadores activos que no han dado al derechista PP su voto de castigo al PSOE se aferren a éste o voten, en menor proporción, a Izquierda Unida, su secundón, aunque muchos presten oídos a las consignas y el ejemplo de los acampados .

Precisamente éstas son las que llevan a la extensión del movimiento de losacampados del M-15 a diversos países de Europa, donde hay la misma proporción de jóvenes con título y grandes capacidades pero con trabajos precarios y de cerca de 600 euros. La exigencia de imitar a Islandia y hacer un referéndum para no pagar la deuda, de estatizar los bancos y cajas, de asegurar a todos un ingreso igual a la canasta familiar, la lucha por la República, contra la discriminación y por la igualdad de las mujeres y de los inmigrantes, el rechazo a la corrupción de empresas, gobierno y partidos y a éstos mismos, la decisión de autorganizarse autónomamente, preparan luchas del futuro. Frente a la extrema derecha xenófoba que crece y al magma reaccionario que amenaza ser mayoría en muchos países y que reproduce en buena medida el pasado de los años 30, ellos son la esperanza de una superación anticapitalista de la actual crisis provocada por el capital y sus servidores.

El año 1968, en todos los países, marcó el fin de una época de prosperidad capitalista y expresó la resistencia ante la gran ofensiva contra la democracia y los derechos y conquistas de los trabajadores y las guerras colonialistas y dictaduras que, a partir de mediados de los 70, impusieron la política neoliberal del capital financiero en Europa y en el resto del mundo. Hoy, por el contrario, los hijos del Sol, como sus antecesores del 68, son también creativos y dicen no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir o una barricada cierra una calle pero abre un camino, pero su rebelión se da dentro del mundo del trabajo y contra el sistema y no tanto contra la estructura de la familia, las costumbres, el poder estatal, y demuestran que es necesario y es posible superar el neoliberalismo e instaurar otra economía, otras concepciones, comunitarias y colectivas, solidarias, otro Estado basado en la autogestión. Por otra parte, mientras en el 68 los partidos comunistas francés e italiano consiguieron frenar los movimientos radicales en sus respectivos países porque controlaban la mayoría del apoyo obrero, hoy los jóvenes de la Puerta del Sol, como los tunecinos o los egipcios, se autoconvocan y se organizan apoyándose teóricamente en la Resistencia antinazi o en el radicalismo teórico de Daniel Bensaïd y no en el maoísmo o el estalinismo, y atraen a los obreros jóvenes, que aún son minoritarios pero son un extraordinario estímulo a un cambio radical.

martes, 24 de mayo de 2011

El consuelo y la justicia por Javier Sicilia

El consuelo y la justicia
Javier Sicilia


MÉXICO, D.F., 24 de mayo.- Cuarenta mil muertos, 10 mil desaparecidos –tratados como cifras, como abstracciones estadísticas–, miles de familias rotas y despreciadas por la impunidad del sistema de justicia, y millones de seres humanos desprotegidos, abandonados a la violencia de un crimen organizado que crece a la sombra de un Estado que, en su podredumbre, no ha sabido cumplir con su vocación primera, dar seguridad a sus ciudadanos, era el saldo que hasta el 27 de marzo vivíamos los seres humanos de esta nación. A partir de esa fecha algo cambió. Los asesinados de ese día tenían nombre, un nombre que gritaba, desde el dolor de sus amigos y de sus padres, un “Estamos hasta la madre” de los criminales y de los políticos, un reclamo que repentinamente no sólo comenzó a nombrar a sus muertos, sino a exigir una justicia de la que todos los mexicanos hemos estado privados durante los últimos cuatro años.

Si de alguna manera puedo definir lo que desde entonces han sido la marcha del 6 de abril en Cuernavaca y la que el 5 de mayo salió de esa misma ciudad para llegar el 8 del mismo mes al Zócalo de la Ciudad de México, es a través de dos palabras que los criminales y la “clase” política han extraviado en su inhumanidad: el dolor y el consuelo. Fue el dolor que, convertido en dignidad, inició esta forma de nombrar lo innombrable. Fue esa dignidad, la que a lo largo de las marchas fue sumando dolores, rompiendo el miedo y generando el consuelo. El dolor, me decía mi padre –a diferencia de la alegría que reúne–, une, y esa unión se llama consuelo.

La palabra es hermosa. Consolar es estar con la soledad del otro. Ir a su encuentro para abrazarla y acogerla. Para decirle –como coreaban muchísimos cuando llegamos a la Ciudad de México–: “No estás solo”. “No estamos solos”. “Tu dolor es el nuestro”.

Lo que el 27 de marzo fue una tragedia personal –tan personal como la de 40 mil muertos y familias hundidas en la soledad– se fue convirtiendo en una muchedumbre de soledades que se unía para compartir su dolor con el de otros, y en su abrazo, en su caminar juntos, se consolaban. Las 300 personas que el 5 de mayo salimos de Cuernavaca arropadas por la Bandera de México se fueron al paso de los días convirtiendo en miles. Las soledades llegaban de todas partes. Desde los pueblos y las ciudades más remotas, desde los dolores más atroces y las injusticas más viles llegaban padres, madres, hijos, hijas mutilados con los nombres y las fotografías de sus muertos, y sus lágrimas; llegaban también padres, madres, hijos, hijas que, por gracia, no conocen en carne propia ese dolor, pero a quienes la compasión unía y une en un nosotros; llegaban para abrazar nuestro dolor y nosotros el suyo, para encontrar el amor y la paz que nos arrancaron, para consolarse y consolarnos con una caricia, un llanto, un plato de comida, una botella de agua y hacer de nuevo la primera de las justicias, que es reconocernos como seres humanos y caminar juntos. Con ese caminar, les estábamos diciendo y continuamos diciéndoles a los criminales que, a pesar del terror que quieren imponernos y del sufrimiento que crean, no les tememos, que nuestro consuelo y nuestra dignidad son más fuertes que ellos y que con nuestro andar recuperamos nuestras carreteras, nuestras calles, nuestro territorio. Con ese caminar y nuestro arribo al Zócalo de la Ciudad de México les estábamos diciendo, y continuamos diciéndoles también a los poderes del Estado y a los partidos políticos, que están podridos, que si el crimen está campeando en nuestro país como lo hace es porque el Estado está cooptado por criminales y sólo sirve a intereses ajenos a la ciudadanía, que por ello esta guerra estúpida se va perdiendo y los muertos y el horror los estamos poniendo los ciudadanos. Les estamos diciendo que juntos o sin ellos vamos a refundar esta nación para que la dignidad que hemos mostrado permanezca viva y se haga una ley de seguridad nacional que no sólo piense en la violencia sino en el tejido social que la incompetencia del Estado ha desgarrado.

Nosotros, los hombres y mujeres de a pie, los que sostenemos todos los días a esta nación desgarrada, que llevamos a cuestas el dolor de miles de muertos y de injusticias atroces, hemos hecho con nuestras marchas la primera de las justicias negadas: la del consuelo, que es del orden del amor. Con ese consuelo llegamos y articulamos una movilización que demanda al Estado y a los partidos políticos la segunda justicia que nos deben, la legal. Un consuelo en la impunidad es un consuelo mutilado, y el Estado nos debe esa justicia. No sólo tiene que nombrar a nuestros muertos –darles rostro y presencia; si eran inocentes, indemnizar a las familias; si eran criminales, saber de dónde venían, qué sucede en el tejido social de sus lugares que los convirtió en criminales, y trabajar por rehacerlo–, sino también atrapar a los asesinos, estén en donde estén (en la ilegalidad o en la legalidad), y aplicarles la ley. Nuestros muertos, por voz de los vivos, que se consuelan, hablan y piden justicia. Una justicia que, junto con la recomposición de las instituciones, nadie debe regatearles, a no ser que el Estado acepte ser lo que hasta ahora ha sido, un Estado criminal.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO y hacerle juicio político a Ulises Ruiz.


Vía Proceso, fuente: http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/91605

Cherán: opacidad del Estado y razón de comunidad

Vía La Jornada, fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/05/24/index.php?section=opinion&article=018a1pol


Cherán: opacidad del Estado y razón de comunidad
Magdalena Gómez
E

n Cherán, Michoacán, se expresa un signo emblemático de la relación del Estado con los pueblos indígenas. Recurrir a la autodefensa frente a talamontes que les han devastado aproximadamente 20 mil hectáreas de bosque es señal inequívoca de que el Estado con sus tres poderes y en sus tres niveles ha sido omiso, por decir lo menos, en brindar seguridad frente al saqueo de un recurso tan preciado.

Porque este atropello no se inició el pasado 15 de abril, cuando comuneras y comuneros de San Francisco Cherán detuvieron camiones cargados de madera y retuvieron a sus portadores para luego entregarlos al Ministerio Público. Los talamontes provienen de las comunidades vecinas de Tanaco, Rancho Seco y de Capácuaro. Desde entonces la comunidad indígena de Cherán mantiene cerrados todos los accesos carreteros y la gente duerme en las calles para mantener la vigilancia. El saldo de tal decisión no ha estado exento de reacciones violentas de los talamontes, que ya provocaron víctimas que esperan justicia en ese ambiente de impunidad. Obviamente los comuneros carecen de la capacidad de fuego que tienen sus agresores, por ello han solicitado la presencia del Ejército. El hecho ha sido señalado, con muy escasa buena fe, como una prueba de que la población no coincide con la demanda ciudadana sobre el regreso del Ejército a los cuarteles. Aclaremos: los pueblos indígenas cuando demandaron autonomía nunca la pensaron sin relación con las instituciones del Estado; aquello de que querían balcanizar al país resultó sin sustento, pues una y otra vez se precisó que la autonomía se daría en el marco de una reforma del Estado. En los hechos no se concretó. La actual situación de los pueblos y ciudadanos en el país es que están pagando los costos de una estrategia de supuesto combate al crimen organizado en un contexto de redes de corrupción y complicidad. Por ello pedir al Ejército que enfrente a sus agresores entraña ni más ni menos que el sentido que le dio una comunera al señalar: Es hora de que las autoridades muestren si están con nosotros o con los otros. (El Universal, 14/5/11).

En Michoacán, como en muchas otras regiones del país, cobra fuerza colectiva el hartazgo frente a la virtual renuncia del Estado a sus obligaciones constitucionales: ya estamos cansados de tanto abuso y Cherán está al borde del estallido social. No sólo esta comuna, sino toda la meseta purépecha se encuentra en estado de alerta. Sólo esperamos una señal para levantarnos en armas contra el crimen organizado, afirmó a Proceso un comunero con el rostro cubierto (22/5/11).

La respuesta del gobierno del estado pareciera darse a destiempo, pues en Servindi (Servicios en comunicación intercultural, 13/5/11) se reportó que Alfonso Vargas Romero, titular de la Secretaría de Pueblos Indígenas, reconoció que en la zona núcleo de la cultura purépecha existe tensión debido a la defensa de los recursos naturales ante la incursión de talamontes coludidos con organizaciones criminales. Y remató con una muy preocupante afirmación (que me recordó la etapa previa a la masacre de Acteal, cuando se prestó oídos sordos a escala federal a los múltiples reportes sobre el clima de tensión imperante en esa zona chiapaneca): recalcó que su dependencia alertó con anticipación sobre la situación que vivía Cherán,pero se dejó crecer el problema. Y agregó: No quisiera alarmar a las comunidades ni ubicarlos ante la opinión pública por circunstancias de seguridad, pero tenemos cerca de 13 puntos rojos igual que Cherán, y sin duda gradualmente lo mismo estará sucediendo.

Genera preocupación el enfoque de los gobiernos estatal y federal mediante el acuerdo de atender la problemática ambiental y social en el municipio de Cherán, así como garantizar la seguridad de los pobladores. Se instalaron dos mesas de trabajo, una ambiental y forestal, y otra sobre el problema social. Suena a estrategia de tiempos normales, aun cuando reportan que están asistiendo representantes del ámbito de seguridad. Por lo pronto los comuneros han sido recibidos por autoridades estatales sin que aparezcan elementos para suponer que sean considerados sujetos titulares de derechos mientras las dependencias acuerdan institucionalmente la atencióna su grave problemática.

El líder mixe Floriberto Díaz (+) me decía que, así como el Estado imponesu razón, también existe la razón de comunidad y ésta se aplica cuando va en juego la comunidad misma. Hoy en Cherán y en otras regiones se vive en el filo de esta convicción, pero no sólo en espacios ancestrales. El movimiento encabezado por Javier Sicilia perfila la razón de ciudadanía y todo ello sucede porque el Estado padece la muy grave ausencia de razón constitucional. La inminente promulgación de la reforma en materia de derechos humanos será un asidero para pueblos y ciudadanos; esperemos que no llegue demasiado tarde.